La pandemia del
coronavirus no es sólo una crisis sanitaria, también es una crisis social y
económica que ha generado importantes cambios en la dinámica del trabajo puesto
que muchos empleos se han visto afectados, negocios han quebrado, ha aumentado
el empleo informal y una gran cantidad de personas han tenido que adaptarse a
la tecnología y a nuevas formas no convencionales de trabajo.
En un mundo en el que
solo una de cada cinco personas tiene derecho a una prestación por desempleo,
los despidos son una catástrofe para millones de familias y en muchos casos, al
no tener acceso a un seguro, suelen verse presionados a seguir trabajando
incluso si están enfermos. En Ecuador el
83% de personas han perdido su empleo por el confinamiento
lo cual ha provocado deudas, presión ante la necesidad de subsistir y en
el peor de los casos familias viviendo
en condiciones precarias.
Es
un hecho, que si bien resulta perjudicial para la salud pública, las
alteraciones ponen en peligro la forma de vida a largo plazo ya que se
prevé que la reactivación económica total tomará años y será difícil que se
recuperen las plazas de trabajo.

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